Yo crecí en el seno de una familia que teme al Señor. Lastimosamente, mis padres no recibieron desde temprano la enseñanza del plan de Dios para la familia y nos criaron como mejor pudieron, pero a su manera. Eso los llevó a cometer varios errores al criar a sus seis hijos.
Con mucha tristeza vimos a mis tres hermanas mayores correr tras el mundo y abandonar los caminos del Señor.
Los últimos tres hermanos, entre los cuales estoy yo, tuvimos el privilegio de crecer durante un período en el cual mi familia fue rescatada por el Señor y aprendimos y abrazamos la enseñanza de los Caminos Benditos de Dios para la familia. Los tres estudiamos en el Instituo Ministerial Hebrón y animamos a mis padres, ya mayores, a ingresar también al mismo instituo bíblico del cual, también, se acaban de graduar.
Fue durante este tiempo, en que mis padres estuvieron en el Instituto, que el hno. Vagn Rásmussen compartió acerca del Ayuno y la Oración y también el hno. Marvin Byers compartió el seminario Cómo Guardar a Nuestros Hijos. Mi madre fue especialmente tocada por el testimonio del pastor Marvin Byers que contó de cómo Dios restauró a su hijo Paul (quien se había apartado del Señor) a través de cortar la comunicación con él. Esto es algo muy bíblico, puesto que el Señor manda a los padres que tienen hijos contumaces y rebeldes a cortar la comunicación con ellos, a considerarlos, por así decirlo, muertos para ellos. (Dt. 21:18-21; 2Tes. 3:6; Jud. 1:20-23)
Mi madre entendió que el Señor le estaba hablando directamente a ella. Vio que tenía que cortar la relación con sus hijas que se habían endurecido en contra de Dios. Pero también vio que no tendría la fuerza para hacerlo. Así que, con la Gracia de Dios, inició un ayuno de 21 días para pedirle al Señor la fuerza para hablarles a sus hijas acerca de su decisión de cortar la relación familiar por completo si ellas no decidían arrepentirse y buscar nuevamente a Dios.
Al finalizar el ayuno, a pesar de las dificultades que pasó, se armó de la fuerza del Señor y fue a hablarles a sus hijas como nunca antes lo había hecho. Especialmente estaba preocupada por una de ellas que había endurecido extremadamente su corazón.
Empezó a hablarles y la Convicción del Espíritu Santo cayó fuertemente en el lugar donde estaban, ¡y mis hermanas comenzaron a llorar y a clamar por el perdón de Dios! Y aquella del corazón más duro clamó aún más fuerte. Dios responde a las oraciones de sus hijos que se humillan y obedecen Sus Caminos Perfectos.
Una de ellas ha estado teniendo dificultades y su decisión de volver al Señor ha sido vez tras vez probada porque su esposo estalló en ira cuando se enteró que mi hermana estaba orando y buscando a Dios. Pero a pesar de eso, ella confirmó su decisión, asintiendo que sigue adelante.
Dios no nos ha abandonado y está atento para oír el clamor de aquellos que le buscan, que le buscan de veras.
El valor de mi madre nos ha afectado a todos sus hijos, pero también a su propio esposo, mi padre, quien ahora mismo se encuentra en un ayuno de cuarenta días.
Alabado sea el Señor.